LITERATURA ÁRABE CONTEMPORÁNEA

budayna nasiri

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Una habitación en una pensión barata

fragmento

... Al llegar hasta la puerta, empujó con todo su peso y la abrió... Se precipitó en el interior... se detuvo un momento mientras buscaba, rápido, un escondrijo... Debajo de la cama, según tenía por costumbre... Encajado allí... tirando de las puntas de la colcha... reprimió sus jadeos. Todo se convertía en un espacio oscuro... oculto en aquel rincón... con la respiración contenida, atento a los pasos que subían la escalera... que le seguían... entraban en la habitación... y se detenían junto a la cama... sin respirar.

El rostro de su madre, enfadado y feo por la indignación, emergió de la oscuridad... Extendió sus manos... él se apartó... Pero ella se puso a gatas y lo arrastró hacia sí, hasta que su pequeño rostro desapareció bajo su cuerpo. Sintió que le clavaba los dientes en el hombro. Contrajo los labios para no gritar... poco a poco, como siempre, la carne se entumeció; sabía que era capaz de aguantar ese dolor hasta el infinito.

La mujer se detuvo al lado de la cama. Notó de repente su presencia. La veía mover la mano con suavidad. Quiso decirle algo, aunque su lengua era una piedra pesada. Vio cómo ella se sentó en una silla cercana sin prestarle atención y estiró los pies hacia el borde de la cama. Cogió el espejo redondo en el que a veces había contemplado su propio rostro y empezó a arreglarse. Se lamió un dedo y se aplanó las cejas mientras chismorreaba acerca de sus clientes, de los últimos inquilinos que continuaban en la pensión, a los que conocía a través de ella... De Yasim, que se acostaba con dos mujeres... de Abu Alí que era un viajero camino de Basora... y que en la habitación número 2 había un nuevo cliente que era estudiante de provincias.

Observaba el movimiento de su boca que se abría y se torcía. Tímidamente le indicó que se callara, pero ella no le hizo caso. Se dio la vuelta ovillándose en el camastro, con las rodillas pegadas al pecho. La mujer se levantó y le tapó con el cubrecama, le dio unas palmaditas en el trasero y se fue.

Con las nalgas enrojecidas, intentó escapar de su madre que en la confusión de gritos y chillidos le había desgarrado la camisa...

Budayna Nasiri, escritora iraquí, Selección de relatos cortos, El Cairo, 1993

Traducción de Manuel Jiménez Lucena

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