LITERATURA ÁRABE CONTEMPORÁNEA

traducción literaria de la poesía y la narrativa árabes

muhammad chukri

La telaraña (1998)

Hacía un rato que repetía a gritos: Yo soy zapatero. Soy un zapatero de Larache. ¿Quién me recuerda hoy en Tánger?

Titubeó. Miro aquí y allá. Se rió. Vaciló, introdujo sus manos en los bolsillos del pantalón y se sacó el forro desgarrado gritando:

- Sólo tengo agujeros. Agujeros. Agujeros.

La mayor parte de los clientes del café de la plaza le contemplaban con enfado ignorándole. Salió y se detuvo en medio del espacio. Sonreía y sonreía. Hacía guiños a los hombres y mujeres que pasaban. Titubeaba continuamente. Se miraba a sí mismo. Una lata cayó delante suyo:

- Déjamela -le dijo al niño.

Se la lanzó. Se chutaron un par de veces. Un hombre le gritó al niño:

-¡Coge tu lata y árgate de aquí!

Karly el loco apareció en la plaza. Miraba a la gente y se carcajeaba meneando en su mano una gran pipa de kif.

Un joven escupió en el rostro de Allal que se limpió con el puño de la chaqueta y le insultó. El joven le volvió a escupir. Allal le hizo con las manos un dibujo de forma redondeada en el aire. Se dirigió; hacia el balcón de la cafetería Tangerina. Un extranjero le dio un cigarro y también le dejó que bebiera los restos de naranjada de su vaso.

El joven que estaba cerca le dijo furioso:

- ¡Vete de aquí! ¡¿Por qué te emborrachas en Ramadán?!

Allal se rió y el joven le dio un fuerte puñetazo. Allal se cayó sobre la baranda de hierro y su cuerpo se descolgó golpeándose la cabeza en el suelo. La sangre brotó en abundancia.

- Bueno -dijo un hombre al joven- Merecía ésto y más.

De la mayoría de los clientes se oyeron frases parecidas.

- Hijo de perra -dijo el joven con orgullo y apartándose con lentitud- Ni se sabe de donde llega gente así a esta hermosa ciudad.

- ¡Eh, mira! ¿No ves cómo sangra?

- Perro -siguió diciendo con inquietud el joven- No respeta ni este bendito mes. Llamaré una ambulancia.

Un montón de clientes y de transeúntes le rodearon.

- Mira, viene hasta la policía.

- Se está muriendo.

- Tienes razón. Se muere.

- Está inmóvil.

- Es verdad, está muerto.

- Pobre, es el camino de Dios.

- Llamad rápido a la policía.

El joven no podía escapar del cerco de gente que se concentraba a su alrededor.

- Sois testigos de que yo no lo he matado.

- Pero nadie te dijo que le dieras un golpe y lo mataras.

- Gente así, cuando cae no se levanta.

Un hombre le cerró los ojos y otro le cubrió la cara con un pañuelo que se empapó y se conviirtió en un máscara roja. De nuevo apareció el niño con la lata en la mano.

- Vete a tu casa -le dijo un hombre.

- ¡Yo no quería matarle! -gritó el joven con voz llorosa.

Karly el loco apareció en la plaza. Miraba a la gente y se carcajeaba meneando en su mano una gran pipa de kif. La policía inundó la plaza.

- ¡Yo no lo he matado...! ¡Yo no lo he matado...!

Karly se reía frenético. El joven se desplomó en los brazos de un policía. Karly levantó su cabeza hacia el cielo y estalló en carcajadas ensordecedoras.

Muhammad Chukri, escritor marroquí, La jaima, Casablanca 2003

Traducción de Manuel Jiménez Lucena

validator w3c

© 2007 Manuel Jiménez Lucena