LITERATURA ÁRABE CONTEMPORÁNEA

traducción literaria de la poesía y la narrativa árabes

nagib mahfuz

Recuerdos de una mujer

Lo ocurrido continuó mi diálogo interior y después lo seguía con los amigos del café hasta que me enteré de su conclusión al día siguiente, por el titular de portada del periódico de la mañana; donde leí al fondo de la primera página: "Suicidio del conocido cirujano M... Se arrojó desde el quinto piso ".

Cómo me impresionó aquel desenlace y cuánto impresionó a todos los amigos, a pesar de que nuestras relaciones con él se habían interrumpido desde su ingreso en la Facultad de Medicina.

Los comentarios se mezclaban: tal vez una enfermedad incurable o un inesperado contratiempo económico o un error en el entorno profesional. Incluso uno de nosotros dijo:

-O también un espíritu maléfico. ¿Es que las personas no enloquecen sin motivo?

Nos fuimos olvidando de la tragedia del mismo modo con el que nos olvidamos de todas las cosas. Pero, un amigo común la presintió antes de que se matara. Era médico también y vivía en Zamalek, el mismo barrio del suicida, y siempre había estado relacionado con él y con nuestro grupo e hizo una primera visita inmediatamente después de la desgracia; lo que aumentó más los motivos para sacar a relucir el tema:

-Tú lo recuerdas, sin duda; extremadamente cuidadoso y equilibrado -me dijo.

-Todo lo que recuerdo de él es bueno -confirmé.

-Era también un brillante profesional y... bastante rico.

-Eso es indiscutible. Por eso, su desgracia parece un desconcertante misterio.

Mi amigo movió la cabeza diciendo:

-Dios no perdonará a su mujer.

-¿Perdonar? -dije sorprendido.

-Naturalmente... la recuerdas -repuso sonriendo un poco.

-Todo el barrio la recuerda. La belleza, la hermosura y la decencia, el más alto ejemplo de corrección, seriedad y modestia al ir y venir de la escuela, una fortaleza inaccesible ante cualquier bromista. Hasta la Universidad la distinguió con una mención extraordinaria. El difunto tenía derecho a alegrarse y a ser feliz el día que decidió pedir su mano...

El doctor, lentamente, completó:

-...y tuvieron un hijo y una hija. El niño en la Facultad de Medicina y la niña en la Secundaria. Aunque ella con el tiempo y la intimidad revelaron que era una mujer muy distinta...

Yo le seguía con sorpresa y mucha atención.

-...totalmente otra mujer -continuó- y si no fuera por mis relaciones con ellos no podría resultar ser cierto lo que vi y oí.

-¡Asombroso!

-Es la verdad. ¡Y cómo intenté reconciliarlos aunque sin resultado!

-Y la considerábamos un ángel del cielo.

Una sonrisa burlona se dibujó en sus labios:

-Una tirana dominante, dura en extremo, que imponía sus opiniones con obstinación e insistencia, sin permitir objeción alguna, un espíritu capaz de enloquecer a cualquiera. El malhumor la hacia olvidarse de todo y romper la vajilla y los objetos de la casa e insultarle sin contención. Tan derrochadora, que sobrepasaba los límites y no le dejaba nada sino para los pequeñoos gastos...

Se calló por unos momentos y añadió:

-Incluso la fidelidad no respetó.

Y volvió a quedarse callado a mi pesar.

-¿La fidelidad?

-Estoy seguro de lo que digo.

Nagib Mahfuz, escritor egipcio, El alba engañosa, El Caire 1989

Traducción de Manuel Jiménez Lucena

validator w3c

© 2008 Manuel Jiménez Lucena