nagib mahfuz
Ecos autobiográficos
DESEO
Con apenas siete años deseé la revolución.
Iba una mañana a la escuela custodiado por la criada. Caminaba como quien es conducido a la cárcel. Un cuaderno en mis manos y desánimo en mis ojos, en mi corazón nostalgia por el desorden y el tiempo frío mordiendo mis piernas casi desnudas debajo de los pantalones cortos. Encontramos la escuela cerrada mientras el conserje decía en voz alta:
-A causa de las manifestaciones hoy tampoco hay clase.
Me invadió una oleada de alegría que me transportó hasta la playa de la felicidad.
¡Y de todo corazón imploré a Dios que la revolución durase eternamente!
ELEGÍA
Tuvimos el primer encuentro con la muerte al fallecer mi abuela.
La muerte todavía era una novedad, no me era familiar, era como un transeúnte en el camino.
Por tradición yo sabía que era una prescripción inevitable y mi percepción real de ella era lejana, lejos del cielo terrenal. Así la muerte me arrebató mi tranquilidad y logró entrometerse de improviso entre nosotros hasta aquella habitación en la que se me habían contado los más hermosos cuentos.
Me vi pequeño como quien mira a un gigante, su respiración se reproducía en todas las habitaciones, cada persona la recordaba y la mencionaba.
Cansado de ser perseguido me refugié en mi cuarto para disfrutar de unos minutos de soledad y calma, cuando la puerta se abrió y entró la hermosa de larga y negra trenza, y susurró con ternura:
-No te quedes solo.
En mi interior estalló una agitación súbita atraida por la violencia y sedienta de locura. Cogí su mano y la atraje hasta mi pecho sacudido por la tristeza y el miedo.
Nagib Mahfuz, escritor egipcio, Ecos autobiográficos
Traducción de Manuel Jiménez Lucena
© 2008 Manuel Jiménez Lucena