LITERATURA ÁRABE CONTEMPORÁNEA

traducción literaria de la poesía y la narrativa árabes

nagib mahfuz

El ser y el tiempo

Presagié que me pasaría algo. Y me pasó. La sala se disolvió en la nada. Su lugar fue ocupado por un amplio patio abierto que se extendía hasta quedar separado de la plaza por un grueso muro blanco y lo envolvieron círculos y medias lunas cubiertos de alumbre, con un pozo en medio y una hermosa palmera un tanto apartada. Dudé de mis sentimientos y me dije que estaba viendo una escena sin precedentes y también me dije que no era extraño verlo y recordarlo a la vez. Moví mi cabeza con fuerza para comprobar si estaba inconsciente. ¡La escena se acentuó imponiéndose con claridad y me pareció ver que entre el pozo y la palmera había alguien! Era yo, a pesar de estar oculto por un jubón negro y un turbante alto y verde. Era mi cara, a pesar de la prolija barba. Moví otra vez mi cabeza, se intensificó el color moreno y se mostró el oculto forastero. Ante mí se representó, entre el pozo y la palmera, un adulto que se me asemejaba por la indumentaria. Le vi extenderme una pequeña caja y me decía:

-No son días seguros, es necesario que la escondas bajo tierra hasta que llegue el momento.

-¿No es mejor que la abra antes de esconderla? -le pregunté.

-No... no... Hazlo rápidamente, no antes de que pase un año, pues será destruida.

-¿Tengo que esperar un año?

-Sin falta, haz lo que se te dice.

Se calló un momento y continuo después:

-No son días seguros, tu casa corre el riesgo de ser registrada, es necesario que la escondas en lo más profundo.

Y los dos nos pusimos a cavar cerca de la palmera y enterramos la caja, arrojamos tierra sobre ella y aplanamos cuidadosamente la superficie.

El adulto dijo:

-Te abandono a la divina providencia... Seamos precavidos, no son días seguros.

Y en ese momento la escena desapareció como si nunca hubiera sido y regresé a la sala de la vieja casa donde aun quedaban restos del palo de incienso y empecé a despertarme de mi embriaguez y volví a la realidad con toda su crudeza. La excitación me dominó largo rato ¿Era cierto lo que yo había visto? Esta era la interpretación hecha, pero ¿cómo tomarla y olvidar la escena personificada que expresaba la certeza en todas sus dimensiones? Realmente había vivido en el pasado. Sin que pudiera decirse físicamente, en la realidad estable, me vi a mi mismo o a algún antepasado mío de una época anterior. No era posible dudar de eso, a menos que dudara de mi razón y de mis sentidos. Ignoro la naturaleza de la situación, ni cómo ocurrió aquello; aunque sabía que había ocurrido.¿Y por qué me ocurrió esa última noche en la casa vieja? Inmediatamente me sentí emplazado a hacer algo. Algo inevitable. Era cierto que "el otro" sacaría la caja después de pasar el año y haría lo que se le había indicado con ella o se le agotaría la paciencia rápidamente? ¿Se volvería contra él su plan a causa de aquellos inseguros días? ¡Qué fascinante deseo por saber sin poder resistirse! Se me ocurrió la extraña idea que el pasado no se me había representado sino porque "el otro" se había interpuesto entre el y la caja y yo era un invitado para sacarla y realizar lo que se había indicado después de un prolongado abandono y de un tiempo desconocido.

Nagib Mahfuz, escritor egipcio, He visto lo que ve el que sueña, 1988

Traducción de Manuel Jiménez Lucena

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© 2008 Manuel Jiménez Lucena