nazik al malaika
Raíces extinguidas
¡Oh, amor! no nos dejes recuerdos que no esconda la muerte Tuvimos un pasado y con amargura lo cubrió el silencio Somos dos ilusiones, sin color, sin voz, ni forma El espejismo de la nada, sin expresión, sombra ni sentido Nos rechazaron los suspiros y las tristezas, no tuvimos refugio ¡Ojalá encontráramos el olvido y se nos concediera alivio! Lloramos sin la compasión de una tierna caricia Estamos sin ayer y sin mañana, inexistentes Nuestros ojos son horizonte sin luz, sin reflejo alguno, Nuestros labios, carne sin habla; despojos, nuestras almas Al encontrarnos, la conversación se calló y contuvimos el aliento Y a una risa que parecía inútil, le faltó el sentimiento Al encontrarse las manos, ¿dónde estaban el deseo y el escalofrío de la pasión? Dedos muertos, nervios sin alma Ojos de vacía mirada, sin corazón En ellos el amanecer fue negro horizonte y agonizó el ocaso Brazos sordos, inmóviles como las piedras a las que abandona la pasión, Que no despìertan aunque el fuego los toque Al encontrarnos algo nos faltó tras el alma Nuestros labios fueron ignorados por la luz y nuestra noche fue herida Al encontrarnos el dolor nos alejó y las lágrimas enmudecieron Se nos hizo difícil que nos reunieran los días, entre el ayer Y entre el abismo de los recuerdos se derribaron los fantasmas En vano quiso la otra orilla que naufragase el marinero.
Nazik al Malaika, poeta iraquí, Estelles i cendra, 1948
Traducción de Manuel Jiménez Lucena
© 2008 Manuel Jiménez Lucena