LITERATURA ÁRABE CONTEMPORÁNEA

traducción literaria de la poesía y la narrativa árabes

hanna mina

Carta de recomendación

... Parecían haberse acostumbrado a esta situación de las épocas del paro... y que, en sus cabezas, tuvieran grabado el cuadro colgado en la pared de Radwan al Sahal, "La mañana de fiesta". Aquel era el único cuadro de la casa y no había sido puesto ahí para adornar. A nadie se le habría ocurrido adornar las paredes desnudas con una pintura así. Nurí lo puso como se pone la marca de propiedad en el pescuezo de un caballo... Era, en definitiva, la marca de propiedad de la casa; donde aparecía un trabajador sentado en el umbral una mañana de fiesta, con la mano en la mejilla, rodeado por sus hijos mirándole y viviendo, como él, una verdadera ausencia.

La única diferencia era que su padre no se ponía la mano en la mejilla... nunca se ponía la mano en la mejilla. Era su madre quien lo hacía y quien se sentaba en la entrada de la casa con sus pequeños alrededor, esperando al marido que había ido a buscar trabajo.

La hija mayor, probablemente víctima de la anemia, rehuía a su padre cuando estaba en paro: No quería, por un ambiguo sentimiento, ser testigo de su derrota en su lucha contra el tiempo... La madre no decía nada porque las cosas siempre habían sido de esa manera mientras que la abuela recriminaba a su hijo porque "se rompía los cuernos inútilmente" y el paso de los días reforzaban su opinión.

Nurí no hacia caso a su madre, pues encontraba todo esto muy normal. Al fracaso de la huelga le siguió, en represalia, el despido. Ahorrándose la molestia, no se hizo la ilusión de ser readmitido y contrató un abogado para obtener una indemnización; con el compromiso de pagarle el veinticinco por ciento de la misma en concepto de honorarios, además de los impuestos, gastos y tasas del tribunal. Sabía que la indemnización, incluso si la obtenía después de unos meses, no llegaría a sus manos sino como una raspa de pescado y sólo cubriría una parte del importe total de sus deudas en el momento presente; que era una garantía para sus acreedores, que lo sabían y, por compasión o esperanza, accedían a continuar entregando a la familia una menor cantidad de alimentos, rechazando otras peticiones o aceptando lo más necesario de ellas. Porque hasta lo necesario se convertía en un desacuerdo. Y un tendero podía considerar el tabaco prescindible; en tanto que otro, podía ser más condescendiente y, al final, no eliminarlo de la lista...

Hanna Mina, escritor sirio, Ébano blanco, Beirut, 1997

Traducción de Manuel Jiménez Lucena

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© 2007 Manuel Jiménez Lucena