nizar qabbani
Carta a un hombre
1 Mi querido señor Estas son las palabras de una mujer necia ¿Te ha escrito antes que yo una mujer necia? ¿Mi nombre? Dejémonos de nombres Ranya... o Zaynab Hind... o Haifa Es una tontería -mi querido señor- dejarnos llevar por los nombres. 2 Mi señor Tengo miedo a decir algo de mí Tengo miedo de que -al hacerlo- Se inflame el cielo Que vuestro amanecer, oh mi querido señor, Confisque las cartas azules Confisque los sueños de los armarios de la mujer Y prohíba sus sentimientos Que utilice el cuchillo Para hablarle Que sacrifique la primavera y las pasiones Y las negras trenzas Que vuestro amanecer, mi querido señor Fabrique la noble y delicada corona En el cráneo de la mujer... 3 No me censures, mi señor Si mis líneas son una ofensa... Pues escribo y el verdugo está detrás de la puerta Y fuera del cuarto el sonido del viento y de los perros... ¡Mi señor! El poeta Antara tras la puerta Va a degollarme... Si ve mi carta.... Y cortará mi cabeza... Si ve la transparencia de mi vestido... Si expreso mis sufrimientos... Vuestro amanecer mi querido señor Asedia a la mujer con las lanzas... Vuestro amanecer mi querido señor rinde homenaje a los hombres como profetas y cubre a la mujer con el polvo. 4 ¡Que no te molesten mi querido señor... mis líneas! ¡Que no te moleste si rompo el cerrado frasco de los tiempos.... si me quito el anillo de plomo de mi conciencia... si escapo de los sótanos del harén en los castillos... si me rebelo contra mi muerte... contra mi tumba... contra mis orígenes... y el gran matadero... ¡No te molestes señor mío! Si descubro mi sentimiento... Pues el hombre amanecido No presta atención al sentido ni al sentimiento... El hombre amanecido -perdona mi atrevimiento- no comprende a la mujer sino al entrar en el lecho. 5 ¡Disculpa, mi señor! Si me extiendo sobre el poder de los hombres La gran moral -naturalmente- es la moral de los hombres El amor fue siempre Una cosa de los hombres... Y el sexo fue siempre Un calmante vendido para los hombres. Una leyenda es la libertad de la mujer en nuestro pueblo Y no hay otra libertad Que la libertad del hombre... Mi señor... Di todo lo que quieras de mí. No me importará Simple. Estúpida. Loca. Tonta. Ya no me preocupa... Porque a quien escribe de sus preocupaciones... Con la lógica de los hombres se le llama necia ¿O no dije desde mis primeras palabras que yo lo era?
Nizar Qabbani, poeta sirio, Poesía completa, El Cairo, 2007
Traducció de Manuel Jiménez Lucena
© 2008 Manuel Jiménez Lucena