suhayr salati attal
Aclaraciones de un suceso pasado
Como cada mañana, salieron los periódicos. Los vendedores excitados gesticulaban a una muchedumbre a la que herían a pesar de los titulares con los gritos de sus gargantas:
-Inicio de las conversaciones de paz.
-Las últimas lluvias pronostican una buena cosecha.
-Subida de precios en algunos alimentos.
-Bajada del dólar en la bolsa internacional.
Sus gritos se entrelazaban... y nadie se daba cuenta de un pequeña y sorda solicitud, añadida a última hora, al fondo de una página abarrotada de anuncios y que pedía a los ciudadanos la identificación de la mujer de la foto...
Como de costumbre se reunían alrededor de unas tazas de café por la mañana. Aquello era suficiente allí para charlar un rato y para examinar las páginas de los periódicos antes de empezar la cotidiana jornada de trabajo.
Una empleada gritó desde el extremo de la sala:
-¡Escuchad!, un crimen...
Y se puso a leer con voz frívola:
-Unos guardas forestales tropiezan con el cadáver de la mujer de la foto. Se ruega a quien la reconozca que informe al cuartel de policía mas próximo.
-¡Que pena!- corearon unas con no menos ligereza.
-¿En qué página?- preguntó un tercero con interés.
Otro saltó de su sitio, se dobló sobre las paginas extendidas en la mesa vecina y gritó:
-Es una mujer bonita ¿Cómo ha muerto?
-Moriría violada en medio del bosque -gritó otro.
La primera hizo un mueca de reprobación con los labios y los demás hicieron un gesto significativo disculpándose por la expresión, por haber señoras delante... y todos callaron con la presencia del director.
Siguiendo la costumbre en su reunión matinal, se ajustó la gorra después de comprobar el brillo de sus zapatos, las estrellas que colgaban de sus hombros y los botones de su chaqueta preferida... Frunció la frente y empezó a hablar con voz alta y seria...
Siguiendo la costumbre tras cualquier nuevo y oscuro suceso, insistió en la necesidad de descubrir todas las circunstancias del incidente con la mayor rapidez posible. Siguiendo la costumbre, miró torvamente a uno de sus subalternos que mostraba su temor respecto a la dificultad de descubrir las circunstancias de ese incidente... Y no renunció a exponer todas las probabilidades, indicando que el asunto era un delito que no estaba exento de una dimensión política o moral...
Como se hacía con cualquier cadáver, le fue pedido su examen para conocer las causas de la muerte. El forense empezó levantando la tela negra que cubría el cadáver extendido en la mesa de las autopsias dando gracias a Dios profundamente porque el cadáver no estaba en descomposición y a quien lo descubrió por darse prisa en avisar a las fuerzas de seguridad... Y no tardó en lanzar un agudo silbido de admiración cuando le golpeó la negrura del pelo que destacaba contra la blancura del cuerpo y al que la muerte no había hecho perder su hermosura. Miró los ojos semicerrados que revelaban una mirada fascinante. Extrajo el bisturí, dio dos vueltas completas alrededor del cadáver, se detuvo en las extremidades inferiores y situó el bisturí. Dejó a un lado sus guantes, separó las dos piernas distendidas y evitó con sus dedos la cosa pegajosa que había sobre ellas, la muerte retrocedió, el cadáver se convirtió en un cuerpo sensual que dormía...
Mientras escribía su informe no aludió al corte sangriento en la muñeca de la mano izquierda...
Suhayr Salati Attal, escritora jordana, 2002
Traducción de Manuel Jiménez Lucena