LITERATURA ÁRABE CONTEMPORÁNEA

traducción literaria de la poesía y la narrativa árabes

zakaria tamir

Un hombre indignado

Unos hombres que temblaban pegados unos junto a otros al oír el ruido de una explosión, miraron enseguida y atentamente a un hombre de cara severa que estaba frente a ellos con el cuerpo tenso y los pies abiertos intentando no ceder a la indignación.

-Mi misión es difícil, pero será fácil si me ayudáis. Mi deber ahora es persuadiros de que la muerte no es algo terrible y no vale pena que huyáis de ella -dijo con una voz que se esforzaba en aparentar tranquilidad.

Levantó la pistola acercando el cañón a la sien.

-Como os dije, la muerte tiene escaso valor.

Ninguno de los hombres articuló una palabra. El hombre enfadado se mordió el labio inferior y los contempló de esa manera:

-Hablad -dijo con tono duro y áspero- Es necesario que habléis.

Los hombres permanecieron silenciosos. El hombre señaló a un hombre alto y de hombros anchos y le ordenó:

-Tú, habla.

-¿Qué voy a decir?

-Di lo que quieras.

-Estoy casado, y si muero ¿quien alimentará a mi mujer?

Se humedeció los labios y añadió avergonzado:

-Soy celoso y amo a mi mujer. No quiero dejarla para otro hombre..

El hombre indignado, burlón, se rió con desprecio. Señaló a otro y le preguntó:

-¿Y tú?

-Yo no quiero morir, porque amo la vida de una manera que no puedo describir.

Y el hombre enfadado gritó con voz trémula:

-Puesto que amas la vida es necesario que mueras.

Y continuó diciendo con una voz fría, mirándolos a todos:

-Sois unos cobardes y si no preferís la muerte, perdereis lo que amáis.

Reinó un extraño silencio y de pronto unos de los hombres gritó:

-¡Tú nos odias!

Un violento revuelo se generalizó y despuntaron un voces precipitadas:

-¡No quiero morir!

-¡No moriré como un perro!

-¡La vida es preferible a la tumba!

-¡Muérete tú!

-¡Un cobarde vivo, es mejor que un valiente muerto!

El hombre indignado imploró:

-Os amo, amo a todas las personas; y porque os amo quiero que hagáis frente al enemigo y muráis.

-¡Anda! Ves tú y muere si no tienes miedo.

El hombre indignado se metió la mano en el bolsillo, sacó una pistola ennegrecida y dijo mientras los demás retrocedían sorprendidos y asustados:

-¡No os alarméis! No os haré daño. Vosotros moriréis en la cama.

Levantó la pistola acercando el cañón a la sien.

-Como os dije, la muerte tiene escaso valor.

Y tranquilamente apretó el gatillo. Sonó un disparo y el hombre indignado se derrumbó sangrándole la cabeza.

Los ecos de las explosiones se acercaban despacio provocando una alarmante sensación de asedio.

Zakaria Tamir, escritor sirio, Los incendios de Damasco, Damasco, 1987

Traducción de Manuel Jiménez Lucena

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© 2010 Manuel Jiménez Lucena