LITERATURA ÁRABE CONTEMPORÁNEA

traducción literaria de la poesía y la narrativa árabes

tayyib saleh

Un bendito día en la playa de Umm Bab

... súbitamente se estremeció, se dirigió hacia la playa y se quedó mirando el mar. Me acerqué hasta ella. La alegría que llenaba mi corazón desde el principio de la mañana, me trazaba caminos de luz que unían la luminosidad de la mañana en el cielo con la luz del horizonte y la luz última. La que no es ni una ni otra. La que en ocasiones era como una naranja o como racimos de uva blanca, y en otras como las perlas de la granada.

- ¿Oyes la voz? -dijo Rabab.

- Sí, pero no nos llaman a nosotros -respondí

Se escabulló y se arrojó en la amplitud del mar. Empezó a nadar como sabía hacerlo, con rápidas y fuertes brazadas, expulsando el agua como la máquina de un barco; mientras su cuerpo transparente se deslizaba en la superficie igual que se deslizan los rayos de sol sobre el cristal. El mar estaba absolutamente tranquilo, sin viento ni olas.

No me inquieté cuando la vi alejarse de la costa y nadó una milla o más. Se alejaba mucho, desaparecía y aparecía, el agua a su alrededor eran fragmentos de algodón. Los niños acudieron, algunos hombres se detenían. Su madre vino a la orilla. Yo mismo me arrojé al mar tras ella.

De repente se dio media vuelta diciendo mientras reía:

- ¿Teneis miedo de que me ahogue? ¿Es que el agua puede ahogarse en el agua?

Más tarde fue a encender el montón de madera sobre la playa y prendió un fuego grandioso como las llamas de los pozos de petróleo que se agitaban detrás de las colinas. Los niños empezaron a bailar y a cantar a su alrededor antiguas canciones olvidadas. Sobre las voces se elevaba la de Rabab, la adivina babilónica. Una nube se acercó y extendió un poco de sombra y, esparciendo las semillas de la lluvia, recogió de nuevo su sombra y se alejó.

Rabab puso su cabeza mojada en el regazo del hombre. Se tranquilizó volviendo a ser una niña que no llegaba a los diez años. El le acarició el pelo.

- ¿Porqué lloras? - le preguntó al ver las lágrimas en sus mejillas:

- De inmensa felicidad, por este maravilloso día.

Sabía que era un día maravilloso, todos sus días lo eran, desde que se enamoró de la mujer junto a la Puerta y se detuvo con la niña en el mausoleo oyendo la voz como si fuera la primera vez y viera la luz... Y la alegría empezara a darle de beber de una fuente inagotable.

- ¿Qué es lo maravilloso de este día?

- No lo sé. La luz. El mar. La tarde. El silencio, tal vez.

- O tú.

- Y tú.

- Ten esperanza.

Ella sonrió, levantó la cabeza y la dirigió hacia la colina, a su izquierda, detrás de las llamas de los pozos.

- ¡Mira!...

Tayyib Saleh, escritor sudanés, Selección de relatos cortos, El Cairo , 1993

Traducción de Ernesto Álvarez, Margarita Castells y Manuel Jiménez

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© 2007 Manuel Jiménez Lucena