yahya tahir abd allah
Domingo
1
Atravesó la calle rápidamente y el coche también recorrió la calle a toda velocidad.
2
Hicieron un círculo alrededor del cadáver y del “Fiat” negro. El conductor que había bajado del vehículo negro era bajito y con barriga y no dejaba de frotar su frente y su cuello con un pañuelo blanco que tenia enrollado en su mano.
3
Un hombre mayor que llevaba en su mano un espantamoscas gritó que alguien tapara al muerto. Un vendedor de periódicos alto y delgado le puso una chaqueta vieja con las mangas sucias, dobló unas cuantas hojas de diario y cubrió el cuerpo, ayudándole un muchacho que tenía unos cabellos que le llegaban hasta los hombros. Su pareja, se dio la vuelta para no verlo.
El enjuto empleado de la tienda de zapatos La Estrella Azul llegó con un cubo de plástico y siguiendo con la mirada al policía de tráfico que no había subido aún a su plataforma, arrojó agua y barrió el lugar del accidente. Las moscas revolotearon. Los vehículos circulaban despacio e impacientes en un larga fila multicolor.
Una mujer joven de baja estatura, guapa, con el vestido y el pelo cortos como si fuera una adolescente . Con estas palabras el niño se lo contaba a su amigo.
Ella murmuró entre dientes, dio un par de pasos y oyó que decía: Morirá…, y tu y yo. De repente. Ella lo sabía. La vida es nuestra oportunidad. ¿Porqué?
El conductor del Fiat negro metió su mano en el bolsillo y con mano temblorosa le ofreció diez piastras al vendedor de periódicos, quien las rechazó diciendo: Dios nos recompensará en la otra vida. Un montón de moscas sobrevolaron el sitio.
Llegó un coche del que bajaron tres hombres serios bien vestidos con agentes de policía. En seguida se les unió un policía de tráfico. Uno de los tres le hablaba a otro que escribía en un diminuto cuaderno y el tercero señalaba determinado lugares en el suelo para que los agentes dibujasen con tiza círculos pequeños y grandes marcados con una equis.
4
Pasó un rato y el dueño del coche negro recuperó la calma y desaparecieron sus airados movimientos mientras hablaba con los tres hombres. Cuando llegó la ambulancia se abrió el grupo y descendieron los camilleros llevándose el cuerpo sobre una camilla de madera.
Toda la gente se dispersó cuando los dos coches abandonaron el lugar, el coche de los inspectores y el Fiat negro. El policía de tráfico se alejó para organizar la circulación interrumpida.
5
El enjuto empleado de la tienda de zapatos La Estrella Azul llegó con un cubo de plástico y siguiendo con la mirada al policía de tráfico que no había subido a su plataforma, arrojó agua y barrió el lugar del accidente. Las moscas revolotearon. Los vehículos circulaban despacio e impacientes en un larga fila multicolor.
Yahya tahir Abd Allah, escritor egipcio. Las viejas verdades son buenas para provocar asombro y otros relatos. Mayo, 2005
Traducción de Manuel Jiménez Lucena
© 2010 Manuel Jiménez Lucena