LITERATURA ÁRABE CONTEMPORÁNEA

traducción literaria de la poesía y la narrativa árabes

zuhra zairawi

Sueños muy, muy pequeños

Estaba posada en el balcón mirándolo apretar la perforadora en la tierra. Sus ojos se fijaron en el rostro de ella, apartó el cigarro de su boca y arrojó el humo en su dirección. Le hizo un guiño y sintió que su corazón acogía aquel guiño. Soltó el aire de sus pulmones suspirando: ¡Dios!...¡Qué hambre!

Le persiguió con un sonrisa confiada. La voz de sus señora se elevó: "¿Dónde estás?... Estos perros, cierra la puerta de la galería". "Sí, madam", respondió. Apretó el trozo de esponja entre sus manos y dejó de dar brillo a la barandilla, cerró la puerta tras ella y entró.

En la mitad de la noche, mientras los habitantes de la casa dormían, salió al balcón y miró enfrente, sobre un montón de cascotes que la perforadora había levantado estaban sentados él y un compañero bebiendo té ¿De qué estarían hablando?...

Vio que todos los albañiles subían al Hyundai y reunían el material y las herramientas. Le miró pidiendo una explicación. El sonrió y le hizo una señal con la mano.

No se distinguía claramente. ¿Qué pasaría si su señora le oía sacar para los dos algo de la comida que sobraba del refrigerador?

Desistió del deseo, tosió un poco para que le prestara atención y el levantó los ojos hacia el balcón. La luz de la luna dibujaba la sombra de su cuerpo en el suelo. La sombra se encontró con sus piernas arqueadas.

Volvió a su cuarto y miró la pared. Las paredes grises de su cuarto la detuvieron. Era un color especial para las criadas, se dijo y suspiró.

¿Qué pasaría si se llegaba a casar con ese hombre?... Ocurrirían muchas cosas. Tendría un cuarto y compartirían el alquiler. Colgarían en todas las paredes las fotos de las revistas que tiraba la madam. Sólo iría a trabajar después de haberle preparado el desayuno. Dividirían la paga mensual entre los días del mes. ¿Y si ella se responsabilizara de preparar la comida y... él se responsabilizara solamente de los gastos del alquiler? No sólo comería al mediodía... ¿Qué diría su madre cuando dejara de ayudarla?

Apenas había organizado sus sueños, oyó el timbre del reloj que le indicaba que se preparase para el desayuno. Se levantó.

Se sucedieron los meses. Acabó el año y ella perfeccionaba el hogar. La relación entre ambos no cambió. Solamente intentó transformar la breve sonrisa por otra más larga. Las miradas prosiguieron. Las manos enviaban besos en medio de la noche fría o ardiente, desde su lado al de él. Los sueños proseguían.

-¿Y si la noche de bodas su señora permitiera que el fotógrafo les hiciera una foto vestidos de novios a la puerta del edificio?... ¿De dónde traerían los vestidos?...

Dedicada a organizar sus sueños, alquiló una bata blanca en la modista del vecindario. La madam la ayudaría obligatoriamente. Tendrían un niño. El la ayudaría a bañarlo con agua caliente. En casa de su señora hay un baño. Le calentaría el agua en la hornilla del gas.

Proseguía soñando. Cuando salió el sol escuchó el choque de las chapas al entrar un coche. Corrió al balcón. Vio que todos los albañiles subían al Hyundai y reunían el material y las herramientas. Le miró pidiendo una explicación. El sonrió y le hizo una señal con la mano. Antes de pensar en bajar, el Hyundai ya se dirigía hacia otra obra y ella ya había renunciado a considerar el vestido de novios y a tomar una foto en la entrada del edificio.

Cuando el sol ya estaba en lo alto, oyó la voz de su señora:

-¿Y el desayuno?

-Voy madam.

Llevó la bandeja al salón y en el trayecto levanto su hombro derecho para enjugar una lágrima que se le derramó inesperadamente.

-Te he dicho mil veces que no quiero verte enseñar los dientes -le dijo.

-Sí, sí, madam -contestó sonriendo. Y contuvo un cristal de quimeras que se rompió en su interior.

Zuhra Zayrawi, escritora marroquí, 1996

Traducción de Manuel Jiménez Lucena

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© 2008 Manuel Jiménez Lucena